Quedate conmigo: A medianoche nos besaremos.
Advertencias.
- Hetero. Shojo.
- Romance
- Margus: Marcos Ginnochio, Agustina (Fem!Agus) Guardis.
- Fandom: Gran Hermano.
- AU: Alternative universe. UA: Universo Alternativo.
- Esta historia fue creada con fines de entretenimiento, nada debe tomarse como real.
- Fluff
- Capítulo único.

Leelo también por AO3
Era un enero de mil novecientos ochenta y nueve, una noche
cálida, donde podrías sudar con tranquilidad en medio de ese baile que habían
armado entre amigos y conocidos. En medio de todo ese bochinche de sonidos,
estaba una joven que no superaría el metro cincuenta y dos, con una cabellera
rebelde danzando al compás de la canción. Llamaba la atención, era hermosa,
tenía unos ojos que te permitía ver su alma, unas pestaña abundante y
arqueadas.
Y todo esto, no
escapaba a un joven alto oriundo de Salta. Esa muchacha con un carisma que
brotaba por los poros tenía la absoluta atención de él. Sus ojos no escapaban
de ella, estaba encantado, embelecado al ver esos hermosos rizos moviéndose en
el aire. La verdad, sentía algo muy tierno nacer en él, y eso que era una roca
en esas cuestiones. Pero verla ahí, bailando sin importarle nada, siendo ella
misma y libre le hacía sentir un calorcito.
En un momento, aquella platense se sintió observada y notó
que aquel chico de cabellos de un tono extraño y bastante alto la estaba casi
comiendo con la mirada. Hizo una risita coqueta y fue hacia él. Cuando estuvo al
frente de él lo miró fijo a los ojos, aunque debió estirar su cuello y eso un
poco que medio la enojó. Hizo un puchero y eso no fue pasado de alto por el
joven; riendo suavemente. Aunque de parte de ella al escuchar esa risita la
enojó, frunciendo el ceño y cruzando los brazos.
—¿Tengo payasos o qué? —preguntó al salteño.
Este aguantó un poco su risa, la verdad la encontraba muy divertida
verla así. No dijo nada y solo apoyó su mano en su propia cintura, alzó una
ceja; esperaba ver qué reacción podía tener aquella joven.
—¿Te comieron la lengua los ratones o qué? —la joven rodó los
ojos, la verdad que se estaba molestando bastante.
—Perdón, es que te vi así y me diste mucha ternura —le dijo al fin
el salteño —. Sos muy linda —se puso un poco coqueto y puso una mano en la
mejilla de ella.
La joven sintió la cara arde, ¿qué eran esas confianzas? Aunque no
hizo tampoco nada para alejarlo de ella, ese toque la verdad que le había
gustado.
Y aquel rojo no pasó desapercibido por el salteño, la verdad que
la hacía tan linda antes sus ojos. Era tierna, bonita y tenía ojos desafiantes.
No dudó ni un segundo acercar su rostro al de ella, sintiendo el calorcito que
despedía por el sonrojo y lo caliente que estaba su rostro. La verdad que le
gustaba todo esto, era bastante divertido, y le hacía tener ganas de comerse
esos labios de un rosa brillantes y bonitos.
La joven platense era un tomate, ¿por qué aquel chico se acercaba
tanto? La verdad que se puso un poco incómoda. Y aunque ella siempre fue de
mirar fijo y sin intimidarse cuando alguien lo haga, ¡él directamente pareciera
que la iba a besa! Sólo se alejó, le sacó la lengua y se fue de ahí. A ella no
iba andar molestando, ¿qué se creía? ¿Que por parecer modelo iba a tratarla así?
¡NO! Ella era una señorita de valores, fuerte y determinada. Que venga este
banana no iba hacerla cambiar.
Marcos por su parte sabía que quizás se había pasado un poco, pero
tampoco había esperado que se fuera así. Quería ir pedirle disculpa porque
sabía que se había pasado, pero no pensó que eso la iba a molestar, pero cuando
se había dado cuenta la había perdido de vista. Suspiró. Fue a la mesa y se
tomó un trago, movía inquieto sus dedos sobre aquel vaso. Ah, por qué había
sido un idiota. Vio como alguien se iba acercando a él, vio que era Nacho que
era quien había organizado la fiesta. Iba a abrir su boca, pero prefirió no
decir nada. Aunque sí tenía curiosidad. Ah, maldita sea.
Nacho se le quedó mirando a Marcos, esperando que hablase, o algo.
Sí, había visto toda esa secuencia y necesitaba alguna explicación de lo
sucedido. Pero tampoco sabía bien cómo preguntar si Marcos si para sacarle unas
palabras tenías que hacerlo con un sacacorcho a la fuerza.
—¿Me vas a decir qué pasó con mi prima o te tengo que preguntar
paso por paso así me decís algo? —soltó el rubio mirándolo y alzando una ceja,
esperando la respuesta.
Marcos quedó un poco sorprendido por eso de “prima”, ¿así que era
su prima? Quizás eso podía ser beneficioso, quizás así podía volver hablar con
aquella muchacha otra vez. Ah, qué era lo que pensaba el salteño.
No dijo nada, soltó un suspiro, estaba cansado de tanto pensar en
todo… esta noche. Quizás sino hubiese sido un tonto, las cosas habían sido más
fácil, pero la verdad no era bueno en pensar antes que actuar; más cuando se
trataba de una bella dama.
Miró devuelta a Nacho y decidió abrir la boca, así podía soltar
todo eso que pasaba por su cabeza.
—Creo que me mandé una macana con tu prima… le quiero pedir
disculpas, ¿sabés dónde podría estar? —suelta sin más.
—Si está enojada lo mejor es ni ir a verla, decime qué pasó —fue
lo que respondió el rubio sin dejar pasar, la verdad quería saber qué era lo
que había pasado.
—Bueno… me puse un poco pesado, me parece linda tu prima… ¿cómo se
llama? —se puso a pensar que ni el nombre sabía —. Medio que le iba a dar un
beso y se enojó…
Juan Ignacio abrió los ojos escuchando, la verdad no pensó que eso
podría haber pasado. Entendía el por qué su prima se enojó. Torció sus labios a
un costado, sin saber bien qué hacer ante lo acontecido. Era una situación un
poco pesada, más por cómo era su prima. Suspiró. Ah, ¿qué debía hacer? La verdad
se sentía en una situación un poco pesada.
—La verdad que te la mandaste, voy a hablar con ella para que puedas
disculparte —dijo sin más, era mejor ser directo y hacer que ellos se arreglen
solos —. Ah, se llama Agustina —fue lo que soltó y fue por ella.
Marcos sonrió al escuchar el nombre de la chica, la verdad el
nombre más bonito que había escuchado.
Agu’
Era sencillo, pero aún así muy bonito, como la portadora.
De pronto sintió cómo unas gotas caían en su cabeza. Miró hacia
arriba y vio unas nubes enormes y notó que empezaba a relampaguear. Vio como Nacho
iba hacia él y le gritaba que le ayudara entrar las cosas a su casa. Marcos le
ayudó, entrando todo y viendo cómo todos se iban sin da una mano.
Vagos de mierda.
Ah, no quedaba más que él ayudar a su amigo entrar todo solo.
Por suerte fueron rápidos y pudieron entrar todo antes que la
tormenta se pusiera peor. Aunque el salteño se mojó un poco en ese ir y venir.
—¿Tenés toallas, Nacho? Así me seco —le dijo Marcos.
—En mi pieza hay —dijo mientras acomodaba las cosas el de ojos
azules.
Marcos sin más qué decir, fue hasta la pieza de Nacho y entró cómo
si nada, se habían hecho muy amigos en ese viaje de egresado y desde ahí él
había empezado a viajar a Buenos Aires, quedándose los veranos en aquella ciudad
para divertirse un poco más.
Entró a la habitación de Nacho y se sacó su camisa, dejándola por
ahí y buscando la toalla que la había visto colgada. La agarró como si nada y
se secó la cabeza y un poco sus hombros y pecho, y todo iba relativamente bien,
hasta que escuchó un ruido y miró hacia la cama de su amigo, notando en la
esquina estaba alguien escondido. Eso se le hizo extremadamente sospechoso ahí con
cuidado fue hasta allí, hasta que notó que era la chica risada que había robado
estado rondando en su cabeza esta noche.
Agustina al verlo se asustó, para después cerrar los ojos y mirar
hacia otro lado.
Marcos había notado sus fachas y un poco se sonrojó, así que se
puso la primera remera que vio y le dijo a Agus que ya no se preocupe, que
estaba vestido. Ella se dio vuelta y lo miró, iba a decir algo hasta que un trueno
sonó y la chica se asustó mucho.
El salteño fue hacia ella, se sentó a su lado y trató de calmarla,
aunque no sabía cómo hacerlo. Atinó acomodarla en su pecho y que se sintiera
segura. Al menos eso veía en las películas.
—Tranquila, no pasa nada —le dijo suave.
Aunque para su sorpresa, ella lo abrazó fuerte y puso su cara en el
pecho de él. Marcos era un faro de lo rojo que estaba, nunca imaginó que la
chica que le había peleado hace unas horas ahora estaba así. La verdad igual no
se quejaba, le gustaba estar así.
—No sé por qué estás así, pero sentite tranquila que acá estoy —dijo
y acaricio su cabello, tratando que estuviera tranquila.
—Quedate acá y no te vayas —fue lo que dijo suavecito —… me dan
mucho miedo las tormentas —dijo apenas audible.
Aunque el castaño la llegó oír. No iba a decir nada para
incomodarla. Sólo tuvo así, aunque no supo cuánto tiempo fue, pero sí supo que
fue hasta que la tormenta pasó. La chica al ya no oír nada, pudo estar más
tranquila. Aunque estaba avergonzada por cómo había estado. No lo quería ni
mirar a los ojos. Ah, odiaba esto, pero temía mucho a las tormentas.
—Creo que ya pasó —dijo tratando de cortar con el silencio —. Me
llamo Marcos —dijo sonriendo y mirándola.
—Agustina —nada más soltó.
—Sí, Nacho me lo dijo. Lindo nombre, Agu —dijo sonriente.
Quiso que ella no se sintiera tan incómoda así que trato de
sacarle conversación, tratando que no pensara de más de todo esto y que la entendía,
a veces uno no puede controlar sus miedos y era normal que se asustara.
Por su parte, Agustina se reía de cada cosa que contaba Marcos. Hacía
todo más a menos, le divertía cuando contaba sus chistes (un poco aburridos, a
decir verdad, pero le encantaban). Ah, la verdad que le encantaba, nada que ver
con el chico que hace un rato le hubiese dado una abofeteada. Quería conocer un
poco más y más esta parte.
—Gracias, Mar, la verdad que pude estar tranquila gracias a
vos. Todo muy lindo —le sonrió sincera, mirándolo a los ojos.
El salteño un poco se sonrojó, Agustina sí tenía una mirada penetrante,
no era tímida cómo había creído. Sólo que él había ido a mil por horas. Aunque le
gustaba igual que ella tomara el control ahora, así no se mandaba otro moco
otra vez. La verdad le interesaba mucho aquella muchacha.
La chica se reía al verlo así. La verdad que los papeles invertidos
eran más divertido, y no iba a desaprovechar para nada esta oportunidad. Se le
quedó mirando fijo, gustándole mucho aquellos ojos verdes. Esas pecas que
adornaban parte de aquel rostro que si se ponía a pensar, parecía de un modelo
de esos que salían en revistas europeas. Tenía un lindo perfil con esa naricita
de botón. Unas cejas perfiladas y sí, seguiría insistiendo en esos ojos verdes
que la tenían encantada.
Marcos era guapo.
Muy guapo.
Y la verdad era del tipo de hombres que le gustaban. Porque no se
iba hacer la tonta que no lo había visto sin prendas en el torso. Parecía una
estatua de mármol, una escultura griega. Tenía los músculos bien marcados y
además un bronceado bastante dorado que le encantaba. Y sí, agarró su mano para
comparar. Las manos de Marcos eran enormes al lado de las pequeñas de ella,
tenía unos dedos fuertes, y los de ellas eran delgados y chicos. También notó
cómo contrastaban sus tonos de piel, siendo ella bastante pálida al lado de él.
Le gustaba, no iba a negar que esas diferencias le gustaban.
Marcos a todo esto se sentía intimidado, ninguna mujer había sido
así de directa, Agustina lo miraba fijo sin importarle nada, esos ojos que
parecían un cielo soleado eran tan profundo que parecía que podían ver tu alma
con facilidad.
Agustina.
Ah, la verdad un poco también moría por poder besarla. Pero no iba
hacer ningún movimiento, por cómo había pensado, no quería cagarla otra vez. Prefería
que llevara el ritmo ella.
La rulienta se rió al verlo así al chico, le gustaba lo dócil que
era. Ah, sí, si podía tener el control de todo era feliz. Así de fácil se la
podía contentar.
Optó por dar un paso.
Acercó su rostro al de él, un poco sonrojada igual, y sus labios
se iban a dirigir hacia los del chico, hasta que sonrió de costado y besó su
comisura.
Marcos frunció el ceño por eso, él pensó que lo iba a besar. Apretó
sus labios molestos y no dijo nada, sólo miró al costado molesto.
Agustina por su partes se rió, ah, era tan divertido verlo
enojado. Se le hacía adorable. Era como un cachorro de un Golden cuando se
ponía caprichoso.
¿Por qué pensás así de un chico que apenas conocés, Agustina?
Una voz, como si fuera su conciencia le dijo eso, pero prefirió ignorar.
Quería disfrutar el momento.
—No me causó gracia —dijo con un puchero.
Ahí Marcos se percató que todavía ambos seguían en el sueño y que
no sólo eso, sino que estaban como en una especie de ¿abrazo? Ah, cómo tomó
tanto vuelo esto. Si se ponía a pensar cómo había sido apenas la conoció hace
unas horas, lo que menos se iba a imaginar que iban a estar así la misma noche.
—Mar, no te enojes —le dijo sonriendo un poco y tomando el
rostro del salteño —. Solo quería ver tu carita un poco más rojita, la verdad
que sos muy lindo.
Y lo soltó así nada más.
Ah, qué importaba. A ella le había terminado de gustar ese chico,
y ser vueltera no era. Así que sólo se armó de valor y sería ella que le
coquetería sino lo hacía él por si estaba enojado ahora. Le daba igual.
—Quedate conmigo —le dijo un poco coqueta —. Nos vamos a besar si
querés —le guiñó un ojo.
Marcos no dijo nada, seguía igual de molesto. La chica rió. Sí era
un cachorrito.
Pero Agustina no iba a dar más vuelta, así que se animó a darle un
besito suave en los labios, nada del otro mundo. Apenas un contacto de labios,
pero que era suficiente para aquel muchacho para sentir el corazón latirle
rápido como si se tratase de su primer beso.
Marcos no dijo nada, sólo se atinó a parar con cuidado y todo
tartamudo le dijo algo así como “Nacho, cocina, voy”.
Agustina sólo negó sonriendo y lo siguió. Ah, se reía un poco de
la situación, si se ponía a pensar, ese banana le había tirado tanta onda y ahora huía. No dijo nada y sólo
lo siguió.
Encontraron a su primo dormido en el sillón como si nada, aunque
vio que tenía una cerveza en la mano.
—Marcos, ¿qué le diste a Nacho? —bromeó la castaña y se acercó al
salteño.
Marcos no dijo nada. La verdad no imaginó que estaría durmiendo. Aunque
eso también le hizo pensar por qué no fue hacia ellos si habían estado un buen
rato en su pieza.
—Marcos, te había dicho que te quedes conmigo… pero se ve que no
te gustó mi beso —dijo haciéndose la triste, bromeando un poco.
—¡Sí me gustó! —soltó cuando la escuchó y la platense sonrió.
—¿Entonces querés otro? —dijo coqueta, acercándose a él.
De igual manera no iba a poder besarlo aunque quisiera, era mucho
más bajo que él y si iba haber otro beso, sería el muchacho que debía hacer
todo. Porque ella estaría de puntita y él seguro todo enconrbado. Ah, odiaba
ser tan baja por eso. Aunque un poco le gustaba, ya que los chicos altos eran
su perdición. Y oh, coincidencia, Mar era bastante alto, de esos a los
que ella le gustaba. Un galancito de novela a decir verdad.
Marcos igual se lo pensó bien.
Nacho estaba durmiendo. Sí.
¿Se podía despertar? También.
Pero las ganas de darle un buen beso a esa chica era tantas. Un beso
para que tenga y guarde como sólo decir.
Ah, la vida era una sola. Si nacho le decía algo, después se disculpaba
comprándole alguna bebida.
Se acercó hacia ella y se agachó un poco, acariciando la mejilla. Primero
le dio un besito esquimal, queriendo hacerla desear un poco. Y cuando ya no
pudo más del rose de labios, los unió en un cálido beso. Acariciaba su mejilla
con una mano y tenía su la otra en la espalda baja de ella. No iba a tocar más.
No quería pasarse y la verdad con este beso igual le era suficiente. Los labios
de ellas eran tan dulce y suave como un algodón de azúcar. Unos labios únicos,
rosaditos y brillante. Era una boquita para llenarlas de beso era lo único que
se cruzaba en la cabeza de Marcos.
Y por parte de ella, disfrutaba el beso. Los labios de Marcos eran
rígidos. La piel que podía sentir era tan cálida que le hacía sentir tan
cómoda, era un beso de esos de uno veía en las telenovelas. Hasta creía que
sentía esas famosas maripositas. La verdad uno de los mejores besos que le
habían dado.
Y ambos podían haber seguido así hasta que escucharon un ruido en
la salad. Se separaron despacio y se miraron como si fueran unos adolescentes
enamorados.
Se rieron de pensar en eso. Eran bastantes grande y peludos dirían
sus madres. Pero ah, quizás fuera el verano que les hacía sentir así. ¿Será
esto esos famosos amores de veranos? Por ahora no le interesaba a ninguno de
los dos, sólo querían disfrutar el momento y estar así de pegaditos.
Aunque claro, se tuvieron que separar al darse cuenta de que ese
ruido era que Nacho se había caído del sillón.
Sí que estaba borracho.
Los dos lo ayudaron a poder levantarse y lo sentaron en el sillón.
—¿Y ustedes qué hacen acá? —preguntó bastante borracho aún.
Los dos no dijeron nada y sólo rieron.
Por ahora ese beso sería un secreto de ambos. Algo que iban a
compartir y que tenían para ellos, aunque apenas se conocían hacía horas.
Peo qué se le podía hacer, el corazón razones no escuchaba. Sólo iban
a seguir sus instintos.
Fin.
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