Prostye dvizheniya
Advertencias.
- Yaoi, Boys Love, Relación chicoxchico
- BoyPussy
- Margus: Marcos Ginnochio x Agustín Guardis, GH (Gran Hermano)
- Lemon
- Lenguaje soez.
- Esta historia fue creada con fines de entretenimiento, nada debe tomarse como real.
- Dudoso consentimiento.
- Capítulo único.

Leelo también por AO3
Eran suaves esos movimientos que hacía el platense, queriendo sentir esos placeres que no había podido sentir desde que se había distanciado de aquel salteño.
Ya iban varias semanas desde que Agustín se había ido de la casa y extrañaba a su amigo Marcos. Bien, él no sabía qué clase de relación tenía con aquel muchacho, pero sí sabía que habían tenido roces.
Agustín suspiró y gimió suave poniéndose la almohada entre sus piernas, recordando aquellos brazos fuertes que lo rodeaban. Se frotaba queriendo sentir el mismo placer que había sentido esa vez. Estaba húmedo, casi que chorreaba. Quería más atención que sus pequeños dedos su vulva. Quería sentir adentro aquello que alguna vez le hizo sentir tanto placer.
Se mordió el labio inferior mientras recordaba bien esa noche de noviembre. Recordaba que no había podido dormir pensando en esa prueba semanal, en cómo iba hacer si era pésimo con los deportes. De pensar en ese maldito bote se ponía de mal humor.
Se había ido a bañarse a la noche, queriendo que nadie lo moleste. Habían varios compañeros que lo hostigan y estaba harto.
Se sacó todo (menos el bóxer) y se metió a la ducha. Regularizó la temperatura y se bañó con tranquilidad. Todo iba bien hasta que de pronto escuchó la puerta abrirse y sintió cómo era empujado contra la pared del baño. Pudo sentir una gran erección en su parte trasera.
Iba a pegar un grito, pero una mano lo cubrió la boca. Estaba asustado, no entendiendo nada.
—Primito, no diga nada y solo levante el pulgar —escuchó en un susurro en su oído.
Agustín temblaba, pero le hizo caso. Lo último que quería era escuchar la voz de gran hermano pidiendo el consentimiento. ¿Pero...? ¿Eh? ¿El consentimiento? Quería darse vuelta y pedirle explicaciones a Marcos de qué mierda pasaba, pero no pudo al quedar estático al sentir cómo le bajaba el bóxer.
¿Qué poronga andaba pasando?
Estaba bien que con Marcos a veces tenían un cariño medio extraño, ¿pero era todo así? No sabía qué sentir, ni qué decir. Una parte de él tampoco le molestaba todo esto, es más, lo disfrutaba. Había a veces incluso que había soñado con algo así, porque mal que mal, ese salteño le atraía. Tanto como Conejo como Marcos eran recurrentes en sus sueños húmedos y ¿si este era uno? Agustín solía ser reservado en todo lo sexual (aunque fuera un bocón, en realidad solía ser bastante tímido a la hora de estar con alguien), pero aún así en su sueño solían ser bastante salvaje.
De pronto sintió cómo ese pedazo de carne de Marcos hacía de las suyas en sus muslos. Sintiendo ya cómo palpitaba su entrepierna. Quería gemir, pero Marcos no se lo permitía ya que estaba cubriendo la boca.
—Calladito, sino van a saber lo que hacemos —dijo el salteño en su susurró, ya sacado la mano de la boca del platense y dejando una en la cadera, llevando la otra su intimidad, metiendo los dedos y jugando allí.
Agustín se cubrió el mismo la boca, quería gemir con libertad, pero la vergüenza de ser descubierto era peor. Así que solo instó hacer eso y aguantarse los gemidos.
Sentía él más bajo cómo el alto jugaba con su verga en sus muslos, sintiendo temblar y queriendo que se lo empome de una vez.
—Marcos, por favor —dijo jadeante y bien suavecito.
Por su parte, el menor no le dio importancia lo que pedía. Él quería jugar con su compañero, quería poder hacer lo que quería con él hasta el hartazgo. Así que solo siguió jugando con sus muslos, mientras los dedos de él no lo dejaba de tocar, sintiendo toda esa humedad brotar. Estaba satisfecho, le encantaba ser él el que lograba todo esto.
De un momento a otro lo dio vuelta al mayor y sintió cómo su corazón se aceleraba más al ver esa imagen. Agustín todo mojado, con sus rulitos pegado a su cabeza. No dudó un momento en besarlo, atrayendo el pequeño cuerpo a él. Su erección le dolía ya, no aguantaba más.
Así que sin más ni aviso, solo elevó a Agustín y entró en él.
Las delgadas piernas del chico ruliento quedó quedaron tensas y al rededor de la cintura de Marcos. Sí que le había dolido, no pensó que iba a penetrarlo con tanta fuerza. Casi pega un grito, pero solo atinó a cubrirse la boca. Dolía, pero pensó que seguro después se calmaría.
Miró un poco suplicante al salteño, para que fuera más despacio.
—No tan fuerte, Mar —dijo suave el platense.
El salteño no dijo nada, solo lo miró intensamente a los ojos, fundiéndose esos verdes con los celeste. La verdad que él había estado desesperado por estar así, había deseado hacía muchísimo. Hacía tanto que quería tenerlo así, todo sonrosado para él, con esos labios delgados hinchados por sus besos.
No dijo nada, solo lo tuvo así, elevado y estando en su interior. Lo besó salvajemente, ingresando su lengua y batallando con la ajena. Podía escuchar la vocecita de Agustín y eso era una melodía preciosa para sus oídos. Le encantaba, estaba super feliz de tenerlo así. Se podía escuchar todo ese choque, los gemidos contenido, el agua salpicar. La espalda del más bajo contra la pared, esos sonidos obsceno que se daba en cada estocada, los bufidos del más alto. Todo tan erotico. Y lo mejor, que sabía él que lo iba a tener así únicamente. No dejaría que nadie más le pusiera un dedo encima.
Agustín arqueaba la espalda en respuesta de cada estocada. La verdad que ahora lo disfrutaba tanto, podía sentir una corriente cada vez que el salteño entraba en él. Sus piernas delgadas rodeaban fuerte la cintura de Marcos, recibiendolo gustoso. Podía sentir esos labios besar y morder su cuello, mas no le importaba en lo más mínimo que dejara rastro de esta noche apasionada (al menos no por ahora). Apoyó después su frente en la de él, mirándolo todo deseoso, disfrutando. De pronto sintió cómo el otro quedó estático, sintiendo como se venía dentro de él. Ahí sin culpa gimió su nombre, sin importarle si lo escuchaban.
...
De un momento a otro abrió los ojos y notó que había estado gimiendo en su propio cuarto, mientras sus dedos estaban en plena acción. Se puso colorado por haber estado haciendo esto casi inconsciente con ese recuerdo. Lo tenía tan presente, no podía creer además que era lo único con lo que se podía satisfacer. Odiaba un poco a Marcos por eso. Suspiró y solo volvió a tirar a la cama malhumorado, abrazando su almohada.
—Hijo de puta —dijo apretando los labios.
Bueno, al menos iba a poder dormir bien y quizás en ese sueño Marcos lo dejara bien descansado.
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