Mi princesita [ChiNyo!Arg].
Advertencia:
- Hetero.
- ChiNyoArg, Latin Hetalia. Manuel y Martina.
- Línea de rol, mismo universo.
- Capítulo único.
- OC. Original Character. Personajes originales.
- Los personajes pertenecen a sus dueños y/o creadores.
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Celos y pasado.
Hoy era el día especial que pensó qué nunca llegaría, es que si le preguntaban en un pasado vivir esto, la respuesta iba ser un rotundo no. Pero qué más le daba, ahora podía disfrutar de lo mejor que podía haberle pasado. Hoy sus trillizos cumplían años. Estaba más que feliz y no podía ocultarlo.
Martina se había esmerado en hacer el mejor cumpleaños para sus tres hijos, haciendo lo mejor para ellos.
Manuel fue en busca de Francesca, a pesar de lo feliz que todo andaba, había un pequeño problema: ella no quería salir. En realidad estaba enojada con su papá, así que se había encerrado en su cuarto. Todos habían tratado de sacarla, Martina le había dicho que si salía iba a comprarle helado, nada. Carlitos había dicho en jugar con sus juguetes, nada. Mili le dijo que le daba sus muñecas, sin respuesta positiva. Maxi... bien, Maxi sólo logró que gritara porque le dijo que su papá se iría con Arthur.
Bien, Manu se puso serio y tocó la puerta.
—Fran, sal... tienes que soplar las velitas —dijo tocando la puerta.
—¡No quiero! —dijo caprichosa sujetando fuerte su peluche.
El chileno suspiró, sabía que iba a costar. Y sabía que el único que podía solucionar esto era él mismo. Así que sin más, tomó su llave y entró a la habitación. Al entrar se le partió al ver a Francesca llorando en su cama. Fue enseguida a ella y le acarició su espaldita, pidiendo que se calme.
La castaña lo miró con puchero, juntó sus cejitas, se dio vuelta y le dio la espalda. Estaba realmente enojada y no se le pasaría en seguida.
—Vamos, Fran, no me gusta verte así —le dijo a su hija —. Dime qué hago para que te calmes —pero no había respuesta.
El joven padre sólo la cargó y le dio palmaditas en la espalda, diciendo que ya parara porque le hacía mal verla así. La niña sólo lloró en su hombro y no se calmaba. Ya Manu no sabía qué hacer.
—¿Qué hice para que te enojaras, Fran? Dime y no lo hago más.
La niña lo miró, sus ojitos verdes miraron directo a los mieles de su papá.
—Vo' me dijiste que Mili y yo nada más éramos tus princesitas —Manu no comprendía nada, ¿por qué le decía eso? —. Y viene la bebé de al lado y le dices princesita. ¡No! Nadie más es tu princesita —se larga a llorar en el hombro de él otra vez.
Manu sonrió un poco. Así que eran celos. Le acarició su espaldita y le miró a los ojos.
—Mi Fran junto a Mili son mis únicas princesitas, las más lindas que me dio su mamá —le limpió las mejillas —. Pero escuchaste mal, mi vidita. Yo dije que era una princesita, no mi princesita —le sonríe —. Así que no llorí, tú sabí bien que las amo solamente a ustedes tres. ¿Y sabí? A tu mami le estoy muy agradecido por darme la dicha de ser tu papi —ya cuando dijo todo eso, Francesca estaba más animada. Sonriendo y abrazándolo más fuerte.
Manuel ya se sentía bien que se calmara su hija, había pensado en un momento que iba a ser difícil. Pero si había frases que ya sabía para calmara, y no, no las decía únicamente para calmarla, sino que se las decía porque las sentía. ¿Y cómo no sentirlas? Era la hija de la mujer que más amaba. Y bueno, también era su consentida, su princesita, la única que a pesar de lo enojada que estaba recién, le hacía caso en todo. Y bueno, la que más lo celaba, si no podía hablar con otra mujer que ya le cubría los ojos o diciendo que él era de su mamá. Le ponía un poco nervioso eso, pero no podía evitar lo feliz que le hacía por otra parte.
—Tengo hambre, papi —dijo y eso hizo que Manu reaccionara, llevándola hacia el living que soplara la velita.
Cuando llegaron juntos (porque no se quiso bajar), Martina les sonrió, pero cuando vio los ojitos rojos de su hija se preocupó, yendo de inmediato y preguntando si le dolía algo o si se sentía mal. La respuesta nunca llegó y su esposo le dijo al oído lo que había pasado, la rubia sólo le besó su frente y le dijo que no tuviera celos. Aunque con qué cara venía decir eso, si a quién salía celosa era a ella.
—Bien, mi gordita, ¿querés soplar la vela con tus hermanitos? —ella le contestó un "síp" y fue con los demás. No se quería bajar de Manu Francesca, así que tuvieron que estar así. Y viendo eso, sus hermanos la quisieron imitar. Así que Martina tuvo que alzar a Maxi y Carlitos a Mili.
"Que lo cumplan, feliz. Que los cumplan, feliz. Que lo cumplan, Mili, Maxi y Fran. Que lo cumplan feliz".
Y antes de soplar las velitas, Martina les dijo que pidieran un deseo.
—¿Y qué pidieron, mis cochinotes? —preguntó el padre sonriente.
—¡Queremos un nuevo hermanito! —dijeron los tres juntos y tanto Martina como Manuel se miraron serio. Ya habían dicho cuando nacieron ellos que iban a "cerrar la fábrica", y ahora no sabían cómo decirle eso a sus hijos.
Mejor se callaron y dejaron que jugaran tranquilos.
Quizás quién sabe, en un futuro lejano pensarlo otra vez. Pero ahora tenían un no rotundo.
Fueron pasando la horas, ellos jugaban con todos, Mili quería irse con sus abuelos pero Martina le dijo que no, que era chiquita para irse muy seguido allá. Le hizo berrinche pero nada funcionó. Minutos pasaron y al ver que su mamá estaba aún en su posición, se fue de su vista y volvió con sus hermanos.
Ya todos se habían ido, quedó la familia sola. En unos minutos Manu y Martina estaban solo en el living, sentados en el sillón.Se pusieron a descansar después de limpiar todo, suspirando y quedando mirando adelante haber si había algo que ordenar.
La rubia se cruzo de piernas y se quedó mirando al chileno, sonriendo al verle. Se acercó a él y le robó un beso. Sabía que eran pocos los momentos que podían estar así, porque sus niños demandaban mucha atención.
El castaño sonrió y la tomó de la cintura. Ni tonto ni perezoso, una mano de él recorría las piernas descubierta que dejaba la falda corta de ella a la vista. Su mano jugaba con la tira de su bombacha, a lo que ella se alejó sonriente y sacando la mano de él. El chileno se encimó a ella y volvió a besarla, dejando la mano en una pierna de ella, acariciando y llegando al trasero de ella.
Todo iba bien.
Demasiado bien.
Había mucho silencio.
Eso no era normal.
—Los chicos —se levantan y van a buscarlo.
Si algo habían aprendido en estos años de paternidad, es que si había mucho silencio, era porque alguna travesura hacían. Fueron a buscarlos por todas partes, no los encontraban y se empezaron a preocupar, Tini fue por afuera y nada. Entró y vio a Carlitos caminando lentamente, eso le dio sospechas, fue a seguirlo y notó que en sus brazos llevaban muchos alfajores. Notó que el rubio entraba en la habitación de visitas y miró desde lo lejos, sonrió al verlos todos como en una mini reunión comiendo helados, chocolates y alfajores, todos con sus caritas manchadas. Le dio tanta ternura que le sacó varias fotos y se las envió a Manu, diciéndole que los encontró.
El chileno al recibir las fotos y ese mensaje, fue hacia ellos y vio que Martina los espiaba. La tomó de la cintura y los vio junto a ella, sintiendo felicidad al ver lo bien que se llevaba sus hijos.
Pero la felicidad no duraba para siempre, escuchó a Mili ya quejarse por tener la pancita llena. Le siguió Fran junto con Maxi, y la último Litos.
La rubia negó con su cabeza y entró al fin, quedando a la vista su disgusto. Los regañó por comerse todas esas cosas, lo que ellos sólo le respondieron con pucheritos y llantos. La argentina sólo suspiró y los dejó pasar, diciéndole que no lo volvieran hacer más.
Fran y Mili fueron hacia su papá, pidiéndole que las cargue, que le dolía mucho la panza. Mientras Carlos y Maxi los cargó su mamá. Le había costado un poco porque Carlitos estaba más grande y Maxi pesaba un poquito, pero pudo hacerlo y los llevó a la habitación de ellos.
La joven fue por algo que le calmara el dolor de panza y el padre se quedó a hacerle cariñitos para que se calmaran.
Martina llegó y le dio el remedio a todos, pero nada le calmaba el dolor, lloriqueaban y querían que no los dejaran. La de ojos verde comprendió enseguida.
—¿Quieren dormir con nosotros? —preguntó y los cuatros dieron un sí en seguida.
La mujer sólo atinó a sonreír y fueron todos al cuarto de la pareja. Aunque Manu lanza una queja, bajita para que nadie lo escuchara "Yo quería esta noche" dice y va sin más. Igual sabía en qué iba a terminar todo, él en el piso y yendo a dormir al cuarto de visitas.
Caminaron todos pegaditos a Martina, que cuando llegaron le costó entrar en la puerta por querer hacerlo todo a la vez. Eso le hizo reír, les dijo que entraran de a uno que no iban a poder entrar. Le hicieron caso, acostándose todos en el medio, haciendo sonreír a la rubia. Ella se fue de su lado, mientra su esposo al suyo. Los cuatros la abrazaron y durmieron con una sonrisa en su rostro. Todo iba bien y perfecto, hasta que que empezaron a moverse, Carlitos era el que más se movía, no podía estar quieto nunca. Y entre tantas patadas, tiró a su padre.
El chileno con ese humor que lo caracterizaba, salió de ahí y bufó, no sin antes tomar su almohada. No quedaba otra que ir al cuarto de visitas, dormir tranquilo y quedarse ahí hasta la mañana siguiente.
Fran fue moviéndose en la cama, sintiendo que faltaba algo, frunció su ceño y fue abriendo los ojos. Cuando notó que su papá no estaba, se puso a llorar. Martina al escucharla se despertó, y le preguntó si le dolía algo, ella contestó que no, que sólo quería su papá. Miró la cama la rubia y notó que no estaba su marido.
—Fran, vos ya sabés dónde está papi —le dice sonriente.
La niña se bajó de la cama con su almohadita chilena y fue a la habitación que estaba su papá. Caminaba pasos pequeños, despacio porque tenía sueño. Fue bostezando y cuando llegó, hizo puntitas de pie para llegar al picaporte. Entró e hizo ruido, despertando a su padre. Se acercó a la cama y se subió, cuando estuvo acostada, lo abrazó.
—¿Qué hace mi princesita acá? —le pregunta medio dormido, a lo que ella no respondió, sólo quedó abrazada a él fuerte —. ¿No me vaí a decir nada? —le preguntó acariciando la espalda.
—Pensé que te habías ido —se puso a llorar en el hombro.
Él no pudo con eso, le susurró cosas en el oído para que se calmara, no le gustaba verla así.
—Papá, ¿tú siempre me quisiste? —lo abraza mucho más fuerte, como si tuviera miedo que se alejara de él.
—Claro, Fran, ¿por qué preguntai eso? —le extrañó esa pregunta, si era la que más consentía y la llenaba de mimitos.
—Porque los escuché cuando peleabas con mamá —lo abrazaba más fuerte aún.
No recordaba haber dicho algo así, y hace mucho no peleaba con Martina, le era raro todo. Pero no importaba eso, él la quería calmar. No le gustaba verla así.
—Papi, nunca me dejes —lo abrazó fuerte —... yo sé que eres mi papá, y te voy a querer pase lo que pase —lloró más en su hombro.
No sabía qué decir Manu, no entendía nada de nada. Solo la abrazaba y pedía que se calmara, que nunca la iba a dejar.
—Yo sé que soy tu papá, nunca te dejaría, Fran —le besó su frente.
—¿En serio? —le ve a los ojos —. Papá —lo tomó de la ropa de él, su pequeña manito tenía el hombro —... ¿siempre supiste que era tu hija? Es que escuché que mami dijo que pensabas que era hija del cejón malo —se pone a llorar peor.
Le dolió escuchar eso, le traía esos malos recuerdos que nunca quería tenerlos presente. Le había dicho mil veces a su esposa que no hablara nunca más sobre ese tema, pero no, la última pelea había sacado eso a la luz... y todo porque él se había puesto celoso. ¿Y quién no lo estaría? Su supuesto amigo la había tomado de la cintura, y si bien estaba borracho, no le daba ningún derecho de hacer eso con su mujer. Y bien, recordaba que también que al cargar a Francesca, le dijo que tenían el mismo color de ojos. Ya ahí no pudo más, se la sacó y lo echó de la casa, que la fiesta había terminado. En realidad había echado a todos, cosa que enojó a Martina porque era año nuevo y se había esmerado en hacer una fiesta para todos sus amigos... y Arthur. Mandó a todos sus hijos a dormir y ahí pelearon devuelta, diciéndose cosas hirientes y donde Martina suelta un "¿Aún pensá que no es tu hija?". Se había hecho un silencio y ella se fue de la casa, llevándose a sus hijos. Menos a Fran que se negó y se quedó con Manu.
Esa noche no durmió tratando de calmar a ella.
—Mi princesita, yo cuando me enteré que venías con tu hermanitos, no podía creerlo. Eras una sorpresita —se sentó y la abrazó —. La sorpresita más hermosa que vi —dijo sonriente —. Recuerdo el día como si fuera ayer, que te me pegabas y llorabas si no te alzaba —le seca las lágrimas —. Siempre llamabas mi atención, incluso estabas en la panza de la mamá... querías que te llene de nanais y te calmabas —le mira y besa su frente —. Estoy seguro que soy tu papá, que eri el milagro que esperábamos con tu mami. Y te amo muchísimo, nunca te dejaré —le mira a los ojos —. Saca esos pensamientos de tu cabecita, y ten presente que te amo mucho.
Cuando terminó de hablar, la pequeña niña lo abrazó por el cuello y se calmó, dejando de llorar y durmiéndose al fin. Manuel la acomodó y pudo dormir junto a ella al fin. Aunque antes contempló el rostro de la niña, acariciando las mejillas gorditas y sonriendo al sentirse dichoso de ser su papá.
—Y pensar que hoy cumplen quince años mis cochinotes —dice riendo suave —... parecen niños de cuatro años —le acomoda el flequillo —. El día que parezcan de quince, me sentiré dichoso de bailar el vals contigo y tu hermana —fue cerrando los ojos y quedó dormido.
Fin~

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